☕ Café número #7 ☕
Hola a todas/os.
Mi nombre es Nerea, y hace diez años que terminé la carrera de Psicología. Desde entonces, mucha gente ha querido ‘tomarse un café’ conmigo.
‘Y así hablamos un ratito’ -decían-.
Pero realmente sé que lo que querían era un espacio de reflexión, de desahogo o de ayuda.
Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo, te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad.
Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones:
- Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
- Cierra los ojos.
- Respira hondo las veces que sean necesarias.
- Dale un sorbo a tu bebida…
- ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥
💬Atravesar para sanar💬
La semana pasada hablábamos de eso que, a veces, en terapia breve llamamos ‘vivir como si’. De atrevernos a ensayar otra forma de estar, incluso cuando todavía no nos sentimos del todo preparadxs.
Y hoy, si me lo permites, me gustaría seguir por aquí porque esta semana he tenido varias citas que me han hecho repetir algo: el dolor no se supera rodeándolo. El dolor se supera atravesándolo.
Lo sé. No suena agradable ni esperanzador, y leyendo esto tal vez te planteas no iniciar terapia porque no estás preparadx para atravesar nada.
Pero, realmente, ¿a quién le apetece atravesar el dolor cuando lo que verdaderamente queremos es que desaparezca?
Que pase rápido.
Que deje de pesar.
Que deje de doler.
Que alguien nos diga cuánto tiempo va a durar.
Incluso yo misma me he encontrado en mitad de este dolor preguntando hasta cuándo seguiría doliendo. Pero… rara vez funciona así.
A veces, para explicar esto, utilizo una metáfora:
Imagínate que llevas mucho tiempo en la cárcel. Allí tienes techo, comida, rutina… No es el lugar donde quieres estar, pero es conocido, sabes cómo funciona, sabes qué esperar.
Y tú recuerdas que existe algo más: recuerdas el mar, la libertad, el aire, la posibilidad de vivir de otra manera.
Un día, por fin, se abre la puerta. Y sales deseando respirar el olor del mar. Pero entre la cárcel y el mar hay un desierto.
Un lugar duro, hostil, incómodo. Un lugar para el que no estás preparadx: el sol te quema, los pies te arden… Te falta agua, y te faltan fuerzas.
Y entonces piensas: ‘Quizás debería volver, porque al menos allí sabía cómo sobrevivir’.
Esto pasa mucho más de lo que parece:
♥ Cuando salimos de una relación que nos hacía daño…
♥ Cuando empezamos a sostener un duelo…
♥ Cuando ponemos límites…
♥ Cuando dejamos atrás una versión de nosotrxs que ya no queremos seguir siendo…
Porque incluso aquello que nos dolía, a veces también nos daba una extraña sensación de seguridad. Como se suele decir: ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’.
Lo conocido, aunque duela, puede sentirse más soportable que la incertidumbre. Y aquí aparece una de las partes más difíciles del proceso: sostener el desierto sin confundirlo con el destino.
Porque el desierto no es el final: es el tránsito. Y esto me gustaría que te lo grabaras a fuego: atravesar el dolor no quiere decir que no llores, que no necesites ayuda o apoyo, o que no te pares en algún momento. Significa no darte la vuelta cada vez que te duela.
…
Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte una pregunta para que reflexiones durante la semana:
🧠 ¿Qué desierto estás atravesando ahora mismo?
🧠 ¿Qué parte de ti quiere volver atrás por miedo o cansancio?
🧠¿Qué mar estás intentando alcanzar?
❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).
Sentir incomodidad no siempre es señal de que vas por mal camino. Tal vez significa que estás cruzando -y sanando- ♥
Nos leemos el próximo domingo☕.