☕ Café número #26☕
Hola a todas/os.
Mi nombre es Nerea, y hace diez años que terminé la carrera de Psicología. Desde entonces, mucha gente ha querido ‘tomarse un café’ conmigo.
‘Y así hablamos un ratito’ -decían-.
Pero realmente sé que lo que querían era un espacio de reflexión, de desahogo o de ayuda.
Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo, te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad.
Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones:
- Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
- Cierra los ojos.
- Respira hondo las veces que sean necesarias.
- Dale un sorbo a tu bebida…
- ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥
💬El peso de lo que no te pertenece💬
Una semana más, y ya son 26, nos leemos para compartir el peso de las cargas -a veces invisibles- que nos acompañan en el día a día.
Hoy quiero hablarte de algo que viene conmigo en mi mochila desde hace muchísimo tiempo, pero especialmente desde hace casi dos años… La culpa.
Desde que una persona muy importante en mi vida tuvo un accidente de tráfico, vivo con la culpa a cuestas. O bueno, quizás desde unos meses atrás, pero todo se endureció en el momento en que recibí esa llamada.
…Culpa por querer salir corriendo.
…Culpa por sentir que aquello no me lo merecía. Y mucho menos él.
…Culpa por pensar que, a veces, la muerte no es lo peor que puede ocurrir en una vida.
…Culpa por retomar el trabajo unos meses después.
…Culpa por mudarme a Madrid para retomar lo que se quedó a medio hacer.
…Culpa por querer cambiar mi vida porque si no lo hacía, la que iba a morir sería yo.
…Culpa por continuar viviendo mientras él se encuentra en ese estado.
…Y culpa por algo que, racionalmente, sé que no estaba bajo mi control: que su accidente ocurriera apenas unas horas después de que tuviésemos una conversación decisiva para nosotrxs.
Podría seguir. Porque cuando aparece la culpa, parece que siempre encuentra algo más a lo que agarrarse para anclarnos al dolor con todas sus fuerzas.
Y quizá por eso llevo tiempo pensando en ella, y no solo por mí. También porque, desde mi trabajo, acompaño a muchxs pacientes que viven ancladxs en la culpa: por no amar como se espera de ellxs, por amar demasiado, por querer huir, por querer quedarse, por bloquearse, por no haber reaccionado como esperaban, por haber reaccionado “mal”, por haber tomado una decisión, por no haberla tomado, por sentir algo que creen que no deberían sentir…
Pero, esperad un momento. Honestamente, ¿de qué nos sentimos culpables?
Vivimos en una sociedad que sabe utilizar muy bien la culpa y la vergüenza. Desde pequeñxs aprendemos a través de mensajes que nos dicen qué deberíamos hacer, sentir o querer.
“Eso está mal.”
“Deberías haberlo hecho de otra manera.”
“Después de todo lo que han hecho por ti…”
“Si realmente le quisieras, no pensarías eso.”
“Una buena persona no hace eso.”
Y poco a poco podemos acabar viviendo con una pregunta constante: ¿qué tengo que hacer para no sentirme culpable?
En lugar de preguntarnos: ¿Qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Qué puedo hacer?
Y no es lo mismo. Porque claro, cuando miramos siempre hacia fuera, creemos que somos egoístas por atender nuestras necesidades, y esta es una de las cosas que más necesitamos aprender.
Sentir culpa no demuestra que seas culpable.
A veces la culpa aparece porque hemos hecho algo que realmente necesitamos revisar, reparar o asumir. Pero otras veces aparece porque creemos que deberíamos haber hecho otra cosa… Porque pensamos que tendríamos que haber sabido, que tendríamos que haber reaccionado mejor, que deberíamos haber sentido diferente.
Y aquí necesitamos hacer una distinción importante: responsabilidad y culpa no son exactamente lo mismo.
La responsabilidad puede ayudarnos a preguntarnos:
- “¿Qué estaba bajo mi control?”
- “¿Qué puedo reparar?”
- “¿Qué puedo aprender?”
La culpa, en cambio, puede quedarse atrapada en:
- “Si hubiera…”
- “Y si no hubiera…”
- “Debería haber…”
Y en ese lugar podemos pasar años intentando cambiar un pasado que ya no podemos modificar.
Tanto en mi día a día en la consulta, como en mi ámbito personal, observo que también nos sentimos culpables por sentir. Y esta quizá sea una de las culpas más difíciles de explicar.
Porque hay cosas que sentimos que no hemos elegido. Por ejemplo: puedes querer a alguien y querer marcharte; puedes estar triste y sentir alivio; puedes echar de menos a alguien y necesitar distancia (como hablamos el día de mi cumpleaños); puedes sentir enfado hacia una persona a la que quieres; puedes continuar con tu vida mientras alguien que quieres está sufriendo; puedes querer cambiar de vida y no estar abandonando a nadie.
Las emociones no siempre son coherentes. Pero es que además no tienen por qué serlo… Porque sentir algo no significa elegirlo. Y pensar algo tampoco significa hacerlo.
A veces necesitamos dejar de juzgarnos por tener emociones que simplemente están ahí y empezar a preguntarnos qué nos están intentando contar.
Creo que muchas culpas aparecen precisamente cuando hacemos algo que lxs demás no entienden. Por ejemplo, ¿cómo vas a querer hacer X cosa con la que tienes encima?
Y ahí está la culpa otra vez: cuando seguimos viviendo.
Y entonces aparece esa mirada externa: “¿cómo puedes estar haciendo esto?” “¿No te da pena?” “¿Después de todo lo que ha pasado, no puedes aguantar un poco más?”
En ese momento, probablemente, terminamos confundiendo lo que lxs demás esperan de nosotrxs con lo que nosotrxs necesitamos para seguir adelante.
Pero nadie vive nuestra vida por nosotrxs.
Nadie siente exactamente nuestro dolor.
Nadie conoce todas nuestras circunstancias.
Y nadie puede vivir las consecuencias de nuestras decisiones en nuestro lugar.
En mi caso…
💛 He tenido que aprender que seguir viviendo no significa que lo ocurrido no importe.
💛 Que trabajar no significa que no me duela.
💛 Que reírme no significa que haya olvidado.
💛 Que querer cambiar mi vida no significa que no haya amado, respetado, intentado y luchado.
💛 Que estar en otro lugar no significa que haya abandonado.
💛 Y que querer una vida diferente no borra la vida que tuve.
Quizá esta sea una de las cosas más difíciles de aceptar para mí: puedo seguir queriendo a alguien y, al mismo tiempo, necesitar construir una vida que puedo sostener.
No es cuestión de vivir sin responsabilidad, ni de hacer lo que queramos sin importar las consecuencias.
…Se trata de aprender a distinguir entre reparar aquello que hemos hecho y castigarnos por aquello que simplemente sentimos.
…Entre asumir nuestros actos y cargar con lo que nunca estuvo en nuestras manos.
…Entre escuchar a lxs demás y entregarles el volante de nuestra vida.
Yo no sé si algún día dejaré de sentir culpa por algunas cosas. Pero sí estoy aprendiendo a preguntarme: ¿esta culpa realmente me pertenece? ♥
…
Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte unas preguntas para que reflexiones durante la semana:
🧠¿De qué te sientes culpable?
🧠¿Qué parte de esa culpa corresponde realmente a algo que estaba bajo tu control?
🧠¿Cuántas decisiones estás tomando porque realmente quieres tomarlas y cuántas para dejar de sentirte culpable?
❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).
No todo lo que pesa te pertenece. ♥
Nos leemos el próximo domingo☕.
Gracias de nuevo, por abrirnos los ojos, la mente , por abrirte tu en canal , en este canal tan tuyo pero a la vez tan de tod@s l@s que te leermos con el café( comida ,tardeo..) del domingo. Haces que me plante , la manera de sentirnoa culpable por sentie