Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo,  te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad. 

Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones: 

  1. Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
  2. Cierra los ojos.
  3. Respira hondo las veces que sean necesarias.
  4. Dale un sorbo a tu bebida…
  5. ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥

💬No es África, soy yo💬

Hola de nuevo.

Esta semana he tenido conversaciones muy interesantes. De esas que empiezan hablando de cualquier cosa y, sin darte cuenta, terminan dejándote pensando durante horas, y también de esas conversaciones en las que alguien te dice algo que quizá tú no habías sabido decirte nunca.

El jueves me reencontré con una persona a la que conocí en el otro país. Él no me había visto en persona con las trenzas, y ese día además llevaba una falda que justo me compré en el mercado la semana anterior y estaba estrenando. En un momento de nuestra conversación me miró y me dijo:

“Nerea, eres un camaleón. No sé cómo tienes esa maravillosa capacidad de adaptación para todo lo que se te pone delante.”

Me hizo gracia, y me sorprendió a partes iguales porque no es la primera vez que alguien me dice que soy un(a) camaleón(a).

Sí que sé que me adapto bastante bien a las circunstancias, a veces incluso demasiado -quién sabe-. Pero escuchar cómo otra persona con la que solamente he compartido algunos ratos durante 2 semanas lo percibe… Me hizo pensar.

Y ayer volvió a pasar.

Por la mañana, una de las personas con las que vivo aquí me dijo si me apetecía acompañarlo a otro de los hospitales que tenemos en la zona, así que durante todo el camino aprovechamos para hablar mucho.

Es alguien a quien aprecio mucho desde que llegué, de esas personas que saben leer más allá.

Viniendo de vuelta, mientras me pedía que le cantara música en español, o mientras hablábamos de 20 temas diferentes, me dijo varias cosas que se me han quedado dando vueltas.

La primera: “tú no tienes fronteras.”

Lo decía porque, según él, yo no hago demasiadas distinciones entre las personas; no pienso tanto en de dónde vienen, qué idioma hablan, qué hacen, cuánto tienen o cuánto saben.

Si conecto contigo, conecto contigo. Y punto.

No sé si realmente no tengo fronteras… Imagino que las tengo, como todo el mundo tengo límites, valores, cosas que no tolero y personas con las que decido no relacionarme.

Pero quizá sí intento que las fronteras que existen en los mapas no se conviertan también en fronteras entre las personas.

Porque cuando dejamos de ver a alguien y empezamos a ver únicamente “un migrante”, “una africana”, “un español”, “un paciente”, “una mujer”, “un hombre”… detrás de esa etiqueta dejamos de mirar a quien tenemos delante.

Quizá por eso me gustó tanto que me dijera que no tengo fronteras: no porque no existan, sino porque intento que no decidan por mí quién merece mi cercanía.

Y entonces llegó la segunda frase.

En un momento de confianza, donde una conversación llevó a otra, y por ahí apareció mi dolor que pronto cumple 2 años, y que se intensifica un poco siendo hoy día 13 (el 13 siempre está en mi corazón) y que no había compartido con nadie aquí, le conté que siento que aquí están saliendo muchas cosas buenas de mí, que hay una parte de mí que estoy descubriendo, o quizá recuperando.

Y me respondió:

“No es África, Nerea. Eres tú.”

Y ahí me quedé pensando durante un buen rato… Porque quizá tiene razón. Quizá no es África. Quizá soy yo, que he  creído durante un tiempo que tenía que cambiar de lugar para volver a mí, cuando yo nunca me fui.

Creo que muchas veces ponemos fuera de nosotrxs la explicación de quiénes somos.

…“Cuando termine esto, volveré a ser yo.”

…“Cuando me vaya de aquí, estaré mejor.”

…“Cuando tenga otro trabajo, podré disfrutar.”

…“Cuando encuentre a la persona adecuada, volveré a confiar.”

…“Cuando cambie de ciudad, empezaré de nuevo.”

Y sí, como siempre digo, el contexto importa muchísimo porque hay lugares que nos permiten respirar mejor, personas que sacan partes de nosotrxs que estaban escondidas (tanto buenas como no tan buenas), o situaciones que nos obligan a descubrir recursos que no sabíamos que teníamos.

Pero quizá hay una diferencia importante entre que un lugar saque algo de ti y que ese lugar lo haya creado. Porque probablemente esa capacidad ya estaba ahí:

♥ La valentía.
♥ La curiosidad.
♥ La capacidad de adaptación.
♥ Las ganas de conocer.
♥ La capacidad de vincularte.
♥ La sensibilidad.
♥ La espontaneidad.
♥ Las ganas de aprender.
♥ La capacidad de reírte.
♥ La de emocionarte.
♥ La de volver a empezar.

Quizá algunas circunstancias simplemente nos permiten utilizarlas, y esto me hace pensar en algo que hacemos mucho en terapia.

A veces una persona llega diciendo: “Yo no soy capaz de…”. Y después de un tiempo descubres que sí era capaz, solo que nunca había tenido que hacerlo. O no había encontrado un contexto en el que pudiera hacerlo. O llevaba tanto tiempo funcionando desde el miedo, la tristeza, la culpa o la obligación que había olvidado que también podía funcionar desde otros lugares.

Léeme bien:  no siempre necesitamos convertirnos en alguien diferente. A veces necesitamos dar espacio a partes de nosotrxs que llevaban mucho tiempo esperando 💛.

La frase del camaleón también me hizo pensar que adaptarse es algo maravilloso: nos permite aprender, movernos, conocer otras realidades y encontrar soluciones cuando las cosas no salen como esperábamos.

Pero también existe una adaptación que puede hacernos desaparecer un poco: aquella en la que cambiamos tanto para encajar que terminamos olvidándonos de quiénes somos.

Y creo que hay una diferencia enorme entre adaptarte a un contexto y dejar de ser tú para pertenecer a él: un camaleón cambia de color, pero sigue siendo camaleón. Porque adaptarnos significa aprender diferentes maneras de ser nosotrxs dependiendo de dónde estemos. 

  • Y si aquí voy a misa los domingos, pues voy sin pensar que ahora soy cristiana practicante.
  • Y si tengo que ir a la mezquita los viernes, voy sin pensar que tengo que convertirme al islam.
  • Y si me permiten comer con las manos, pues me las lavo bien y disfruto de los sabores directamente en mi boca.
  • Y si alguien piensa que su enfermedad mental viene derivada de un mal espiritual, pues hablamos de ello sin ridiculizar ni invisibilizar el dolor.

Después de cenar, la persona que me dijo que no tengo fronteras me llamó aparte del grupo porque necesitaba decirme algo. Y ahí, en mitad de la noche, mientras mis lágrimas caían antes de que él empezara a hablar, me dijo:

“Tienes la obligación de vivir. No sé cómo lo vas a hacer porque no imagino tu dolor ni tu herida, pero tienes el derecho y la obligación de seguir viviendo.”

No sé si estoy completamente de acuerdo con la palabra obligación. Pero sí sé que vivir no significa estar bien, no significa olvidar, no significa que deje de doler ni tener que demostrarle a nadie que has superado lo que te ocurrió.

A veces vivir significa simplemente seguir aquí. Un día más… Y después otro.

Aprender a convivir con aquello que no puedes cambiar. Construir algo nuevo con lo que queda. Volver a disfrutar sin sentir que estás traicionando a nadie.

Y entender que lo que te ha pasado forma parte de ti, pero no tiene por qué decidir todo lo que queda de ti.

Quizá lo que más me llegó de sus palabras fue precisamente esto: »No imagino tu dolor», porque hay mucho amor en reconocer que no podemos comprender completamente la herida de otra persona.

…No es África. Soy yo…

Quizá eso sea lo que más me estoy llevando de este viaje. Porque yo pensaba que ‘solo’ venía a conocer un lugar, a trabajar, a aprender y a vivir experiencias nuevas. Y, sin darme cuenta, estoy conociendo también partes de mí. Pero quizá no porque este lugar me esté convirtiendo en alguien diferente, sino porque, al cambiar el escenario, algunas cosas han podido salir.

Qué fácil es atribuirle a un lugar lo que en realidad también habla de nosotrxs. Pero, ¿y si esto que aparece cuando estoy aquí también puede acompañarme cuando vuelva?

❤️ Porque si he descubierto que puedo ser valiente, esa valentía es mía.

❤️ Si he descubierto que puedo adaptarte, esa capacidad es mía.

❤️ Si he descubierto que puedo conectar en idiomas diferentes, disfrutar o volver a empezar, todo eso también es mío.

El lugar puede haber sido el escenario, pero yo soy quien ha vivido la historia ❤️.

…

Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte unas preguntas para que reflexiones durante la semana:

🧠 ¿Qué cosas buenas de ti has atribuido siempre a una persona, un lugar o una circunstancia externa?
🧠 ¿Qué haces cuando alguien te habla de su sufrimiento: escuchas o intentas solucionarlo rápidamente?
🧠¿Y si algún día eres tú quien siente que no puede más, ¿sabes a quién podrías acudir?

❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).


A veces no necesitamos cambiar de lugar, sino descubrir todo lo que ya había en nosotrxs ♥


Nos leemos el próximo domingo☕.

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