☕ Café número #3 ☕
Hola a todas/os.
Mi nombre es Nerea, y hace diez años que terminé la carrera de Psicología. Desde entonces, mucha gente ha querido ‘tomarse un café’ conmigo.
‘Y así hablamos un ratito’ -decían-.
Pero realmente sé que lo que querían era un espacio de reflexión, de desahogo o de ayuda.
Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo, a partir de hoy te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad.
Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones:
- Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
- Cierra los ojos.
- Respira hondo las veces que sean necesarias.
- Dale un sorbo a tu bebida…
- ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥
💬¿Puedo seguir siendo bueno/a aunque ya no sea tonto/a? 💬
El otro día estaba en consulta con una paciente cuyo discurso gira continuamente en torno al: ‘Nerea, es que esto ha sido así siempre. De buena… Soy tonta‘.
Y yo, en un momento de inspiración, le dije: ‘Entonces, si de buena eres tonta… Cuando te canses de ser tonta, ¿dejarás de ser buena?’
Y, como a veces ocurre, hubo un silencio de esos que no dicen que no haya palabras, sino que debemos parar un momento a reflexionar y mirar desde otro lado.
‘Entonces, ¿el problema no es ser buena o bueno?’ Podrás pensar.
Pues no. El problema no es ese, sino todo lo que -probablemente- has tenido que hacer a lo largo de tu vida para que no dejen de quererte, para no romper con el legado y el peso de las herencias familiares, o incluso para dejar de sentirte invisible. Por ejemplo:
- Decir que sí cuando querías decir que no.
- Callarte para no incomodar.
- Adaptarte para encajar.
- Dar más de lo que recibes.
- Aguantar cosas que, en el fondo, te molestan o te duelen.
Por eso, a veces cuando dejas de hacer esto mirando por ti, te puedes sentir egoísta y, como decíamos la semana pasada, empezar a verte a través de los ojos de la otra persona.
De esta forma, si con el tiempo pesa más lo que dice el otro o la otra y terminas cediendo nuevamente, aparece esa idea: “soy tonta”.
Pero no. De verdad que no eres tonta.
♥ Aprendiste que, para ser querida/o, tenías que ser fácil, agradable, disponible…
♥ Aprendiste que poner límites podía alejar a las personas.
♥ Aprendiste que tu valor dependía, en parte, de cómo te miraban lo/as demás.
Así es muy difícil no confundirse, ¿no te parece?🤔
Hay algo importante que me gustaría que te llevaras de este café: ser buena no debería doler ni hacerte sentir mal.
Si duele, si pesa, si te desgasta… probablemente no tiene que ver con la bondad, sino con el miedo a no gustar, a que se enfaden, a que se vayan y te sientas sola.
Y para ello, ¿qué podemos hacer? La pregunta del millón… Con una respuesta que he dado mil veces: ¡poniendo límites! Y no solo con los/as demás, sino también contigo misma/o. Porque aprender a quererte no empiece por cambiar todo lo que haces, sino tal vez puede empezar pensando esta pregunta: ¿Desde dónde estoy siendo ‘buena’, desde el cariño o desde el miedo?
…
Como siempre, antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte algunas preguntas para que reflexiones durante la semana:
🧠 ¿En qué momentos sientes que das más de lo que recibes?
🧠 ¿Qué te cuesta más: decir que no… o sostener lo que puede pasar después?
🧠 ¿Y qué crees que ocurriría si empezaras a poner límites?
❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).
Si una persona se enfada al ponerle un límite, es porque antes se estaba beneficiando de que no lo tuvieras.
Nos leemos el próximo domingo☕.
Muy buen material 👏👏🙌