☕ Café número #18 ☕
Hola a todas/os.
Mi nombre es Nerea, y hace diez años que terminé la carrera de Psicología. Desde entonces, mucha gente ha querido ‘tomarse un café’ conmigo.
‘Y así hablamos un ratito’ -decían-.
Pero realmente sé que lo que querían era un espacio de reflexión, de desahogo o de ayuda.
Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo, te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad.
Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones:
- Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
- Cierra los ojos.
- Respira hondo las veces que sean necesarias.
- Dale un sorbo a tu bebida…
- ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥
💬¿Cómo seguir mirando mientras duele?💬
Hace una semana celebrábamos un nuevo hito en el fútbol masculino. Y, durante días, se ha hablado de cómo un acontecimiento deportivo puede conseguir que miles de personas salgan a la calle, que se abracen sin importar si se conocen o no, que canten, que compartan durante unas horas una misma emoción, aunque cada persona luego anime a un equipo distinto.
Y no hay nada malo en ello, porque también necesitamos celebrar, necesitamos alegría.
Pero, como os he compartido en redes, y no solo estos días sino otros tantos, una pregunta me ronda la cabeza continuamente…
¿Qué cosas consiguen movilizarnos?
Porque somos capaces de llenar las calles para celebrar una victoria. Pero quizá no siempre las llenamos para defender aquello que también nos importa -o debería importarnos-:
- Los servicios públicos.
- La educación pública.
- La sanidad pública.
- La igualdad.
- Los derechos de las personas LGTBQ+
- La violencia que sufren tantas mujeres.
- El cambio climático.
- Los Derechos Humanos, en general.
Y estos días, mientras veía las noticias sobre los incendios que están devastando distintas zonas de nuestro país, he vuelto a sentir esa sensación tan incómoda y que me lleva acompañando desde que tengo conciencia: la impotencia.
Impotencia de ver cómo miles de personas pierden sus casas, sus pueblos, sus animales, sus recuerdos, sus fotografías, sus historias. Y, más impotencia me da aún, hacerlo desde el sofá, desde el teléfono, desde la distancia.
A veces me pregunto ¿qué hago yo con todo esto? Porque no puedo apagar un incendio, no puedo devolverle una casa a una familia, no puedo solucionar una emergencia desde la tranquilidad del salón de mi casa.
Y claro, con la inacción aparece una sensación que creo que conocemos muchas personas: la culpa de estar ‘bien’ cuando otras personas están sufriendo. Y, después, el cansancio.
💔 Porque si leo las noticias, me duele.
💔 Si dejo de leerlas, siento que estoy mirando hacia otro lado.
💔 Si intento estar informada de todo, me quedo sin energía.
💔 Y si me desconecto, aparece la culpa.
Y, como sé que es un tema que compartimos muchas personas, creo que hoy necesitaba hablaros de esto, de cómo cuidar nuestra sensibilidad sin permitir que el dolor del mundo nos arrase.
A veces confundimos protegernos con pensar que no nos importa. Pero es que, en ocasiones, cerrar el móvil es necesario porque necesitamos dejar de mirar durante un rato❤️🩹.
No podemos olvidar que somos humanas/os y que no podemos sostener todos los dolores; no podemos estar en todas las manifestaciones, ni responder a todas las injusticias, ni podemos salvar a todo el mundo.
Pero sí podemos hacer algo:
❤️ Informarnos
❤️ Hablar
❤️ Ayudar a quien tenemos más próximo
❤️ Votar (individualmente, no un voto por unidad familiar y que sea el marido quien decida. Por favor, y gracias).
❤️ Acompañar
❤️ Participar
❤️ Protestar
❤️ Cuidar
Ayer me preguntaba mi sobrino que cuándo me voy a esa aventura que os he ido compartiendo en redes, pero que aún no he descifrado. Y, posteriormente, me dijo: ‘Pero tata, ¿por qué no puedes ayudar a la gente desde aquí, desde tu ordenador, y así no tienes que irte tan lejos?’
Y yo le dije que ojalá, algún día cuando sea más mayor, me recuerde y piense que su tata, aunque con un poquito de dudas y de miedo pero con mucha ilusión, hace años decidió vivir en congruencia apostando por repartir lo que tiene dentro con lo/as demás. Aunque eso suponga estar un poquito de tiempo sin ver a su familia, o perdiendo la comodidad de sus privilegios.
Recuerda: no hace falta poder con todo ni hacerlo todo, y mucho menos todo a la vez. Pero sí podemos hacer algo, algo pequeño, algo que esté a nuestro alcance.
Y, cerrando el círculo de nuestro café de hoy, quizá la pregunta no sea por qué las personas salen a celebrar un mundial de fútbol. La pregunta que me interesa es otra:
¿Qué tendría que ocurrir para que aquello que nos duele también consiguiera movilizarnos?
…
Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte unas preguntas para que reflexiones durante la semana:
🧠 ¿Qué causa te importa especialmente?
🧠 ¿Hay algo que puedas hacer por ella desde el lugar que ocupas?
🧠 ¿Qué necesitas hacer para cuidar tu propia energía y poder seguir implicándote?
❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).
La sensibilidad sin límites puede convertirse en agotamiento. La indiferencia, en aislamiento. Quizá el reto esté en encontrar un lugar entre ambas ♥
Nos leemos el próximo domingo☕.
Guau Nerea, cuantas veces me he planteado está frase a lo largo de mi vida… Como concienciar al resto de personas de la importancia de luchar, de unirse por los beneficios comunes, pero que difícil es , y que impotencia da. Gracias por expresar lo que sentimos mucho/as