☕ Café número #14 ☕
Hola a todas/os.
Mi nombre es Nerea, y hace diez años que terminé la carrera de Psicología. Desde entonces, mucha gente ha querido ‘tomarse un café’ conmigo.
‘Y así hablamos un ratito’ -decían-.
Pero realmente sé que lo que querían era un espacio de reflexión, de desahogo o de ayuda.
Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo, te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad.
Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones:
- Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
- Cierra los ojos.
- Respira hondo las veces que sean necesarias.
- Dale un sorbo a tu bebida…
- ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥
💬La falsa promesa de la estabilidad💬
Hoy no es domingo, pero la semana pasada estuve unos días de vacaciones y, aunque volví el sábado de madrugada, me tomé el día de ayer para organizar la ropa, estar con la familia, ordenar la agenda de la semana e intentar descansar un poquito para el trabajo de esta semana ❤️.
Han sido solo cinco días de descanso (cuatro laborables), y no tenía vacaciones desde octubre de 2024. Pero, mientras preparaba la maleta, además de pensar en todo lo bueno que estaba segura iba a vivir, en varias ocasiones me encontré pensando en lo que dejaba aquí: el trabajo…
¿Qué pasará con mientras no esté? ¿Y si alguien necesita una cita? ¿Y si cuando vuelva tengo menos pacientes porque ya empieza la época de las vacaciones, las piscinas, las playas…?
Supongo que muchas personas autónomas entenderán estas preguntas porque, cuando tu trabajo depende de ti, descansar también puede generar incertidumbre. Y, curiosamente, durante el viaje tampoco faltó esa sensación.
La semana pasada estuve en Disney con parte de mi familia. Fue uno de los regalos que le hicimos una de mis hermanas y yo a mi sobrino en el día de su Primera Comunión, y es algo que le prometimos hace años, así que era un viaje esperado, soñado y, al menos por mi parte, muy organizado puesto que llevaba meses buscando cuáles eran las mejores rutas para hacer, los mejores lugares para visitar adaptados a dos menores, los mejores tours para hacer en París…
Peeeero… Nos pilló una ola de calor histórica 🫠. Más de cuarenta grados 🔥, atracciones cerradas, espectáculos cancelados en el último momento, hotel sin aires acondicionados, al igual que el alojamiento que teníamos reservado en París, establecimientos sin aclimatar donde hasta los hielos se derretían…
Esto implicaba cambios de planes continuos, esperas agotadoras, estados de ánimo decaídos, cansancio visible al no poder dormir bien de noche, y cambios de humor continuos 🥵. Y, para poner el sello final al viaje, el despegue del vuelo de vuelta fue horrible: tras casi 2 horas de retraso, minutos antes de iniciar la marcha, comenzó una tormenta que hizo que, al despegar el avión se tambaleara de tal forma que las personas gritaban, vomitaban, lloraban…
Afortunadamente para mi familia y para mí no fue nada grave, pero suficiente para recordar que, por mucho que organicemos las cosas, la vida siempre guarda un margen para lo inesperado.
Soy consciente de que llevo mucho tiempo intentando encontrar un lugar desde el que sentirme segura… pero la vida, una y otra vez, me recuerda que no existe esa seguridad absoluta.
Ayer, al volver a coger el móvil para ponerme al día con los mensajes, escuché uno de los audios que tenía pendientes en el teléfono del trabajo. Era una paciente que me decía que necesitaba pausar la terapia por motivos económicos.
Y, mientras escuchaba su mensaje, la entendía totalmente y pensé en algo a lo que llevo tiempo dándole vueltas: creo que muchas personas vivimos buscando estabilidad.
- La económica.
- La emocional.
- La laboral.
- La familiar.
- …
Como si existiera un momento en el que, por fin, todo fuera a colocarse en su sitio. Como si algún día pudiéramos decir: «Ya está. Ahora sí. Ahora todo está bajo control.»
Pero no sé si ese lugar existe. Porque,…
… Cuando parece que una parte de la vida se ordena, otra cambia…
… Cuando resolvemos un problema, aparece otro distinto…
… Cuando creemos que ya sabemos caminar, el suelo vuelve a moverse.
Yo misma sentí ese temblor hace más de 20 meses cuando, en el momento en que por fin decidí tomar las riendas de lo que estaba sucediendo, la vida me dio un revés que me desordenó tanto, que todavía no he podido recomponer algunas de mis piezas que se movieron.
Pero esta es la vida.
Creo que durante mucho tiempo confundimos estabilidad con ausencia de incertidumbre. Como si estar bien dependiera de que nada cambiara, de que nadie se fuera, de que el trabajo no fluctuara, de que los planes salieran como esperábamos.
Pero la realidad es bastante menos obediente. Porque, aunque no nos guste, la incertidumbre no siempre es una excepción, sino que muchas veces es el escenario en el que suceden las cosas.
Y yo me pregunto…
¿y si en lugar de perseguir una estabilidad imposible aprendiésemos a construir algo que pueda sostenernos incluso cuando las cosas cambian?
No una vida sin imprevistos, sino una vida con recursos, con personas, con pausas… Con la confianza de saber que, aunque no podamos controlarlo todo, ya hemos atravesado otras incertidumbres antes.
En este punto estoy recordando una conversación que tuve con mi madre hace unos años cuando, trabajando en un importante equipo de fútbol, y siendo mi primera vez como autónoma, mi madre me dijo que si no sería mejor esperar a ver si iban a seguir contando conmigo en la próxima temporada. Tenía 24 años. Era abril, y recuerdo que le dije: ‘mira, mamá, en el fútbol no hay nada seguro. Ahora sé que necesito un coche y que voy a pagarlo a plazos. Si no cuentan conmigo en la próxima temporada, ya me buscaré la vida para pagarlo.’
Y así fue como me compré el primer coche, que después vendí para dar la entrada del que tengo actualmente y que, por si os sirve de consuelo, aún me queda un año para terminar de pagarlo 😂.
Y, unos años después, mientras hablaba con mi mejor amiga y le trasladaba mis dudas por si iniciaba o no la compra de una casa en pareja por si no tenía futuro, me dijo: ‘si la relación no tiene futuro, se vende o ya verás lo que hacéis. Pero ahora qué necesitáis?’
Y bueno, si lo pienso bien, casi todo lo importante de mi vida ha llegado sin garantías. Y también casi todo lo difícil: las pérdidas, los sustos, los cambios que no elegí y las veces en las que tuve que seguir adelante sin saber muy bien cómo ❤️🩹.
…
Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte unas preguntas para que reflexiones durante la semana:
🧠 ¿En qué parte de tu vida estás esperando a sentirte «estable» para empezar a vivir?
🧠 ¿Qué pasaría si dejaras de esperar el momento perfecto?
🧠 ¿Y qué cosas, incluso en medio de la incertidumbre, siguen sosteniéndote?
❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).
Quizá la estabilidad no consiste en que nada cambie. Quizá consiste en descubrir que, incluso cuando todo cambia, hay algo dentro de ti que sabe volver a empezar ♥
Nos leemos el próximo domingo☕.
Me ha encantado la reflexión de este café. La estabilidad absoluta no existe para nadie. La vida puede cambiarte en un segundo y los planes se esfuman. Pueden despedirte del mejor trabajo del mundo, perder la salud o que de repente te encuentres dentro de una pesadilla como en Venezuela. Creo que empezar a vivir es ahora, es hoy, sin importar lo que opinen los demás. Porque cuando dejas de esperar el momento perfecto también pasas cosas bonitas. Eso lo aprendí con mi terapeuta favorita. Gracias por tu empatía siempre.