Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo, a partir de hoy te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad

Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones: 

  1. Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
  2. Cierra los ojos.
  3. Respira hondo las veces que sean necesarias.
  4. Dale un sorbo a tu bebida…
  5. ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥

💬¿Puedo seguir siendo bueno/a aunque ya no sea tonto/a? 💬

El otro día estaba en consulta con una paciente cuyo discurso gira continuamente en torno al: ‘Nerea, es que esto ha sido así siempre. De buena… Soy tonta‘.

Y yo, en un momento de inspiración, le dije: ‘Entonces, si de buena eres tonta… Cuando te canses de ser tonta, ¿dejarás de ser buena?’

Y, como a veces ocurre, hubo un silencio de esos que no dicen que no haya palabras, sino que debemos parar un momento a reflexionar y mirar desde otro lado.

‘Entonces, ¿el problema no es ser buena o bueno?’ Podrás pensar.

Pues no. El problema no es ese, sino todo lo que -probablemente- has tenido que hacer a lo largo de tu vida para que no dejen de quererte, para no romper con el legado y el peso de las herencias familiares, o incluso para dejar de sentirte invisible. Por ejemplo:

  • Decir que sí cuando querías decir que no.
  • Callarte para no incomodar.
  • Adaptarte para encajar.
  • Dar más de lo que recibes.
  • Aguantar cosas que, en el fondo, te molestan o te duelen.

Por eso, a veces cuando dejas de hacer esto mirando por ti, te puedes sentir egoísta y, como decíamos la semana pasada, empezar a verte a través de los ojos de la otra persona.

De esta forma, si con el tiempo pesa más lo que dice el otro o la otra y terminas cediendo nuevamente, aparece esa idea: “soy tonta”.

Pero no. De verdad que no eres tonta.

    ♥ Aprendiste que, para ser querida/o, tenías que ser fácil, agradable, disponible…
    ♥ Aprendiste que poner límites podía alejar a las personas.
    ♥ Aprendiste que tu valor dependía, en parte, de cómo te miraban lo/as demás.

Así es muy difícil no confundirse, ¿no te parece?🤔

Hay algo importante que me gustaría que te llevaras de este café: ser buena no debería doler ni hacerte sentir mal.

Si duele, si pesa, si te desgasta… probablemente no tiene que ver con la bondad, sino con el miedo a no gustar, a que se enfaden, a que se vayan y te sientas sola.

Y para ello, ¿qué podemos hacer? La pregunta del millón… Con una respuesta que he dado mil veces: ¡poniendo límites! Y no solo con los/as demás, sino también contigo misma/o. Porque aprender a quererte no empiece por cambiar todo lo que haces, sino tal vez puede empezar pensando esta pregunta: ¿Desde dónde estoy siendo ‘buena’, desde el cariño o desde el miedo?

Como siempre, antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte algunas preguntas para que reflexiones durante la semana:

🧠 ¿En qué momentos sientes que das más de lo que recibes?
🧠 ¿Qué te cuesta más: decir que no… o sostener lo que puede pasar después?
🧠 ¿Y qué crees que ocurriría si empezaras a poner límites?

❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).


Si una persona se enfada al ponerle un límite, es porque antes se estaba beneficiando de que no lo tuvieras.


Nos leemos el próximo domingo☕.

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