☕ Café número #29☕
Hola a todas/os.
Mi nombre es Nerea, y hace diez años que terminé la carrera de Psicología. Desde entonces, mucha gente ha querido ‘tomarse un café’ conmigo.
‘Y así hablamos un ratito’ -decían-.
Pero realmente sé que lo que querían era un espacio de reflexión, de desahogo o de ayuda.
Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo, te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad.
Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones:
- Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
- Cierra los ojos.
- Respira hondo las veces que sean necesarias.
- Dale un sorbo a tu bebida…
- ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥
💬Salud Mental💬
¡Hola a todxs!
Como ya sabréis, ayer fue el día mundial de la Salud Mental, y esta semana me habéis visto mucho más activa en redes compartiendo alguna información que creo que os puede resultar interesante. También os he compartido la noticia de que el próximo café lo tomaremos presencial ♥, y sin olvidar que tenemos un sorteo en Instagram (que termina justo cuando se publica este café), para que el dinero no sea una excusa para dedicarte un ratito a cuidarte desde dentro ❤️.
Así que bueno, con motivo de este día tan marcado y especial para quienes nos dedicamos a profesiones relacionadas con la salud mental, quería dedicar este café a hablar un poquito sobre lo que veo o escucho en consulta desde mi lado.
Cuando hablamos de terapia psicológica, de salud mental, de acudir a un/a psicólogx… Muchas veces pensamos directamente en ansiedad, depresión o en situaciones en las que una persona ya no puede más.
Y sí, en la consulta también hablamos de eso. Pero no solamente, y no todo el tiempo.
A veces, detrás de una petición de ayuda hay alguien que lleva meses intentando llegar a todo…
…Alguien que siente que no puede parar porque, si lo hace, todo se viene abajo.
…Alguien que acaba de ser madre y no termina de reconocerse en su nueva vida.
…Alguien que quiere a su pareja, pero siente que algo ha cambiado entre ellxs.
…Alguien que no sabe cómo poner límites sin sentirse culpable.
…Alguien que está atravesando una separación, una pérdida o un cambio de etapa.
…Alguien que se ha acostumbrado tanto a estar pendiente de lxs demás que ya no sabe qué necesita.
…Alguien que tiene estrés, ansiedad, o insomnio.
…Alguien que lleva tiempo sintiéndose triste, sin ganas, sin ilusión.
… Y alguien que, sencillamente, siente que algo no está bien, aunque no sepa explicarlo.
Y todas esas personas tienen algo en común: merecen un espacio en el que poder parar y escucharse.
Y no pienses que todas las personas que llegan a consulta saben lo que les pasa. Porque a veces llegamos a consulta con una demanda muy concreta, o con una respuesta clara cuando les pregunto: ¿en qué crees que te puedo ayudar?
En este momento, hay personas que me dicen: “Quiero aprender a gestionar la ansiedad”, “necesito controlar el estrés”, “quiero dejar de discutir con mi pareja”, “me cuesta decir que no”.
Pero, sin embargo, otras veces llegamos con una sensación difícil de explicar: “Estoy bien, pero no estoy bien”, “me siento desbordadx”, “no sé qué me pasa, pero no puedo seguir así”.
Y otras todo va más allá y ni siquiera sabemos por dónde empezar, porque quizá llevamos tanto tiempo funcionando en automático que no hemos tenido la oportunidad de preguntarnos cómo estamos realmente. Porque, mientras todo nuestro mundo se tambaleaba, hemos seguido trabajando, cuidando, resolviendo, acompañando, cumpliendo. Hemos hecho ‘lo que tocaba’, lo que se esperaba de nosotrxs, lo que necesitaban los demás.
Pero ¿qué pasa con nosotrxs? ¿En qué momento dejamos de preguntarnos cómo estamos para empezar a preocuparnos únicamente de que todo siga funcionando?
Recuerdo el día de 2020 que fui a mi psicóloga por primera vez. Cuando me senté y me preguntó el motivo de consulta le dije: ‘siento que en mi vida más o menos todo funciona bien menos X (una cosa)’. Esa ‘cosa’ sigue siendo mi sombra a día de hoy, seis años después, pero ya de otro modo. Y, además, ese no era tan solo el motivo de consulta…
A veces, cuando explico esto en consulta, hablo de que esto es como una cebolla donde encontramos muchas capas. A veces, podemos pensar que el problema está en la superficie y que se eliminará retirando esa capa, pero realmente ‘el problema’ puede que no sea »el problema», sino lo que has hecho con él.
Hay momentos de la vida que implican cambios enormes, incluso cuando son cambios que deseábamos. La maternidad y el posparto, por ejemplo. Hablamos mucho del nacimiento de un/a bebé, de la ilusión, de los preparativos, de cómo cambia la familia. Pero ¿cuánto hablamos de cómo cambia la vida de quien acaba de convertirse en madre?
Del cuerpo, del descanso, de la identidad, de la relación de pareja, de las expectativas, de la culpa por no sentirse como se supone que debería sentirse. Y de lo difícil que puede resultar pedir ayuda cuando parece que tendrías que estar viviendo uno de los momentos más felices de tu vida.
– Porque puedes querer profundamente a tu bebé y, al mismo tiempo, sentirte desbordada.
– Puedes estar feliz y triste.
– Puedes necesitar ayuda.
Y nada de eso te convierte en una peor madre.
También hay otros cambios que nos remueven: una separación, una mudanza, un nuevo trabajo, una enfermedad, la pérdida de alguien, el comienzo de una etapa o el final de otra… O quizás no esté sucediendo nada excesivamente removedor, porque a veces no necesitamos que ocurra algo extraordinario para sentirnos mal.
A veces, sencillamente, la vida cambia y necesitamos tiempo para aprender a vivirla de otra manera.
Me gustaría que te quedaras con una cosa: no hace falta esperar a estar al límite.
- No tenemos que esperar a no poder levantarnos de la cama.
- A no dormir.
- A sentir que la ansiedad nos desborda.
- A que nuestra relación esté a punto de romperse.
- A que el cuerpo nos obligue a parar.
No necesitamos llegar al límite para reconocer que algo nos está costando.
Pedir ayuda no significa que no sepamos resolver nuestros problemas, o que todo lo que nos pasa sea un trastorno sin cura. Significa que hay momentos en los que necesitamos acompañamiento para entender lo que estamos viviendo, encontrar herramientas o tomar decisiones. Y, en ocasiones, significa recibir tratamiento para un problema de salud mental que necesita atención profesional.
No todo se resuelve hablando con una amiga, poniéndote más carga de trabajo ‘para no pensar’, descansando un fin de semana o intentando pensar en positivo. Y tampoco todo requiere una terapia, porque la salud mental no es individual sino que forma parte de un colectivo diverso, plural, complejo… De un sistema, de en estado, de una cuestión política.
Hoy, lo más importante para ti, es poder reconocer qué necesitas y encontrar el apoyo adecuado.
Si te cuesta encontrar el momento para ti, puedes empezar poco a poco… Por escucharte. por ejemplo. Por dejar de minimizar lo que te pasa, por entender que no tenemos que justificar nuestro malestar comparándolo con el de otras personas. Y por recordarte que no necesitas ‘estar peor’ para merecer ayuda.
…
Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte unas preguntas para que reflexiones durante la semana:
🧠¿Cómo estás realmente, más allá de lo que respondes cuando alguien te lo pregunta?
🧠¿Qué parte de tu vida te está pidiendo atención y llevas tiempo dejando para después?🧠¿Qué necesitarías permitirte para empezar a cuidarte un poco más?
❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).
Cuidar tu Salud Mental también es darte permiso para reconocer que te necesitas ♥
Nos leemos el próximo domingo☕.