☕ Café número #23☕
Hola a todas/os.
Mi nombre es Nerea, y hace diez años que terminé la carrera de Psicología. Desde entonces, mucha gente ha querido ‘tomarse un café’ conmigo.
‘Y así hablamos un ratito’ -decían-.
Pero realmente sé que lo que querían era un espacio de reflexión, de desahogo o de ayuda.
Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo, te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad.
Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones:
- Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
- Cierra los ojos.
- Respira hondo las veces que sean necesarias.
- Dale un sorbo a tu bebida…
- ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥
💬No sé💬
Esta mañana, cuando me di cuenta de que era domingo (porque aquí parece que el tiempo pasa a una velocidad y ritmo diferentes) me he sentado varias veces delante de la pantalla pensando qué iba a escribir en este café, y no se me ocurría nada.
Hoy hace justo un mes que puse los pies en África, y tengo muchas cosas en la cabeza, muchas conversaciones pendientes, muchas ideas dando vueltas… pero ninguna terminaba de convertirse en un texto para compartiros.
Así que esta mañana he pensado:
¿Y si el café de esta semana lo escribo sobre esto?
Sobre el no saber… Supongo que es un tema interesante, ¿no? Porque parece una respuesta que no nos gusta demasiado.
– ¿Qué quieres hacer?
– No sé.
– ¿Qué te pasa?
– No sé.
– ¿Qué vas a decidir?
– No sé.
Y a veces no queremos decirlo, pero es que -verdaderamente- otras veces no sabemos.
Y parece que decir «no sé» nos deja automáticamente en un lugar incómodo, como si tuviéramos que saber, como si a estas alturas ya tuviéramos que tener claras determinadas cosas.
Como si no saber qué queremos significara que estamos perdidxs. Pero… ¿y si no fuera así?
Creo que vivimos con una necesidad enorme de encontrar respuestas inmediatas: queremos saber qué trabajo queremos hoy mismo, con quién queremos estar para toda la vida, dónde queremos vivir, si queremos tener hijxs, qué queremos hacer con nuestra vida, qué decisión es la correcta, qué camino debemos escoger.
Y, si es posible, queremos saberlo cuanto antes. Porque la incertidumbre incomoda…
Y cuando algo nos incomoda, muchas veces intentamos solucionarlo rápidamente eligiendo, decidiendo, cerrando puertas o abriendo otras, convenciéndonos de que es lo correcto.
Y seguimos adelante, aunque en realidad todavía no lo tengamos claro.
Desde este lado de la pantalla, o de la vida, hay algo que me parece interesante compartir con ustedes: no todas las decisiones necesitan tomarse inmediatamente.
Hay decisiones que requieren información; otras requieren tiempo; algunas otras necesitan que las vivamos un poco más.
Y otras, simplemente, necesitan que dejemos de darles vueltas durante un rato.
Porque también existe una forma de pensar que nos hace daño: «Si no tomo una decisión ahora, estoy perdiendo una oportunidad.»
Y quizá a veces sea verdad, pero otras veces no.
A veces necesitamos recordar que esperar también puede ser una decisión.
Hay otra cosa que hacemos con frecuencia: convertimos las decisiones en definitivas.
Como si elegir una cosa significara renunciar para siempre a todas las demás…
… «Si digo que sí, ya no podré hacer aquello.»
… «Si rechazo esta oportunidad, quizá no vuelva a aparecer.»
… «Si cambio de opinión, significa que me he equivocado.»
Y no siempre funciona así.
♥ Hay puertas que podemos cerrar y volver a abrir.
♥ Hay caminos que podemos abandonar y retomar.
♥ Hay decisiones que podemos revisar.
♥ Y, por supuesto, también hay otras que cambian cosas para siempre.
Pero quizá una de las cosas que más tranquilidad puede darnos sea aprender a distinguir unas de otras.
No sé qué estás pensando llegadx a este punto del café, pero si estás dándole vueltas al ‘no sé’, te digo más: no saber qué quieres no significa que no sepas nada.
A veces sabes perfectamente qué no quieres, y eso también es información.
♥ Quizá todavía no sabes dónde quieres estar, pero sí sabes dónde no quieres volver.
♥ Quizá no sabes qué decisión tomar, pero sí sabes qué cosas ya no estás dispuestx a negociar.
♥ Quizá no tienes claro cuál es el siguiente paso, pero sí sabes qué camino ya no quieres recorrer.
Y eso puede ser suficiente para empezar.
Me gusta mucho una palabra que cambia por completo el significado de una frase: todavía.
No es lo mismo decir: «No sé qué quiero.» que decir: «Todavía no sé qué quiero.»
No es lo mismo: «No sé qué hacer.» que: «Todavía no sé qué hacer.»
Ese pequeño todavía deja espacio para aprender, para equivocarnos, para cambiar, para descubrir, para vivir.
Porque muchas veces no existe una decisión perfecta, sino una que tomamos con la información, las circunstancias y las herramientas que tenemos en ese momento.
Y después podemos descubrir que queríamos otra cosa, y podemos cambiar, rectificar, volver a empezar…
Podemos darnos cuenta de que aquello que parecía una buena idea ya no encaja con la persona en la que nos hemos convertido. Pero eso no convierte nuestra decisión anterior en un error: significa que nosotrxs también hemos cambiado.
Hace cinco años, o cinco meses, quién sabe, quizá imaginabas una vida completamente diferente. Y está bien.
Quizá incluso llevas mucho tiempo persiguiendo algo porque pensabas que era lo que querías y ahora empiezas a preguntarte si realmente lo era. Y también está bien.
Porque no tenemos que ser fieles para siempre a una versión de nosotrxs mismxs que tomó una decisión en otro momento de nuestra vida.
A veces creemos que necesitamos saber qué queremos hacer con nuestra vida, tener dibujado todo el camino. Pero quizá esa pregunta sea demasiado grande, y quizá solo necesitemos ver el siguiente paso.
Y si tampoco sabes cuál es… puedes quedarte un rato ahí.
Sin correr.
Sin convertir la incertidumbre en un problema.
Sin pensar que estás llegando tarde.
Sin compararte con quienes parecen tenerlo todo claro.
Porque hay respuestas que no aparecen después de pensar más… Quizá algunas aparecen después de vivir un poco más.
❤️Así que, si esta semana estás en ese lugar incómodo en el que no sabes… quizá no tengas que salir corriendo de ahí.
Cierra los ojos, respira hondo, y permítete decirte -aunque sea por una vez-:
«Todavía no lo sé.»
…
Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte unas preguntas para que reflexiones durante la semana:
🧠 ¿Qué estás intentando decidir con demasiada prisa?
🧠 ¿Qué sabes que ya no quieres, aunque todavía no sepas qué quieres?
🧠¿Qué podrías permitirte no saber todavía?
❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).
Hay respuestas que no aparecen después de pensar más, sino después de vivir un poco más ♥
Nos leemos el próximo domingo☕.
A veces querer saberlo todo se convierte en una necesidad, en una urgencia, en una forma de tenerlo todo bajo control y cambiar esa forma de pensar cuesta más de lo que imaginabas. Poco a poco se aprende a vivir con la incertidumbre y a comprender que también está bien no saber que necesitas o por qué.
Comparto contigo la reflexión de que no saber que quieres, no significa no saber lo que no quieres y eso ya es mucho.
Gracias por tus reflexiones ♥️