Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo,  te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad

Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones: 

  1. Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
  2. Cierra los ojos.
  3. Respira hondo las veces que sean necesarias.
  4. Dale un sorbo a tu bebida…
  5. ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥

💬Cumpleaños, feliz💬

El jueves día 13 de agosto cumplí años. 33, para ser exactas.

Aunque no es la primera vez que los he cumplido fuera, sí que, por primera vez en mi vida, los he cumplido sola y a 5.000 kilómetros de mi casa. Y, por tanto, de mi familia en general, y de mi hermana gemela en particular.

Cuando llegó la noche y me vine a la habitación a leer y responder mensajes después de un día muy intenso, le conté a mi familia cómo me había sentido. Ellas me decían que se alegraban mucho, pero que había sido complicado ver que estoy tan lejos.

Y no pude evitar sentir un poco de culpa, la verdad.

Y dirás tú… ¿Culpa por qué?

Pues porque yo, a pesar de haber echado de menos a mi hermana gemela, a mis hermanas, a mi padre, a mi madre, a mi abuela, a mis sobrinxs, a mis amigxs… Disfruté. Y disfruté sintiendo que todo lo que estaba viviendo lo estaba haciendo por y para mí. 

La familia de la casa de enfrente del centro donde estoy se pasó una semana diciéndome que el día 13 hacíamos una fiesta en su casa.

La tarde de antes fui a comprar la comida, y la mañana de mi cumpleaños, pedí preparar unas tortillas de patatas después de que una de las madres de lxs niñxs con lxs que tanto juego vino conmigo a comprar la bebida.

Una persona me había regalado un vestido africano precioso con varios complementos para el pelo.

Por la noche, cuando llegué a cenar, había más gente de la habitual, habían pedido pizza, bebidas, las tortillas que yo había preparado por la mañana y, además, una tarta.

Pero no una cualquiera. Una tarta que decía: ‘Joyeux anniversaire, Nerea. 33 ans’

Y os parecerá una tontería. Pero es que esa tarta era para mí.

No era para otra persona que hubiese entrado ese día a comprar una tarta a última hora. No era para una persona general. Era para mí. Mi pastel de cumpleaños.

Y no voy a negar que me emocioné por el momento, por sus palabras, por el cariño que me han brindado en estas dos semanas y media que he estado aquí. Y por sentirme, de muchas manera, acompañada.

Y por eso sentí culpa. Porque yo estaba permitiéndome disfrutar mientras mi familia sopló las velas de mi hermana con la pena de no poder soplar las mías.

Y la culpa aquí tiene una explicación…

Por qué parece que si estoy triste no puedo estar feliz?

¿Por qué si echo de menos a alguien parece que debería querer estar en otro sitio?

¿Por qué una emoción tiene que eliminar a la otra?

Porque puedo echar de menos a mi familia y estar disfrutando muchísimo.

Puedo tener ganas de volver y estar feliz de estar aquí.

Puedo sentirme sola en algún momento y, aun así, haber tenido un día precioso.

Puedo querer abrazar a alguien que está a miles de kilómetros y, al mismo tiempo, agradecer profundamente el abrazo de alguien que está aquí.

Las emociones no siempre se sustituyen. A veces se acompañan.

Y quizá una de las cosas que estoy aprendiendo estos días es precisamente esa: que puedo echar de menos y, aun así, no querer estar en otro sitio. Tan raro no será, ¿no?

Cumplir años tiene algo muy interesante: inevitablemente te hace mirar hacia atrás y hacia delante, y preguntarte…

  • ¿Quién era yo hace un año?
  • ¿Qué imaginaba que estaría haciendo hoy?
  • ¿Qué cosas han cambiado?
  • ¿Qué personas siguen?
  • ¿Qué personas ya no están?
  • ¿Qué esperaba de mí misma?
  • ¿Qué quiero para este nuevo año?

Leo estas preguntas mientras las escribo y me emociono al pensar que si hace un año alguien me hubiese dicho que el 13 de agosto de 2026 estaría celebrando este cumpleaños, no me lo hubiera creído, aún deseándolo.

Pero sí, aquí estoy. Feliz, contenta, tranquila, confiada, orgullosa. Y, a veces, haciéndome una evaluación vital de esas que nos hacemos a veces cuando cumplimos años:

  • Con esta edad debería…
  • Ya tendría que…
  • Debería haber conseguido…
  • Pensaba que a estas alturas…

 

¿Cómo no pensarlo? Si, de pequeña, decía que antes de los 30 sería madre de más de unx hijx, y ahora con 33 sigo pensando que no sé si algún día voy a poder/querer serlo…

Si me casé con 29 y tenía lo que se supone que era una vida plena (marido, casa, trabajo, coche, perro…), pero ahora con 33 vivo sin saber qué va a ser de mi vida cuando vuelva a España.

Pero oye, que quizá no necesitamos que nuestra vida se parezca a la que imaginábamos para poder estar orgullosas de ella…

Quizá no necesitamos haber cumplido todos nuestros planes para sentir que estamos avanzando…

Y quizá tampoco tenemos que elegir entre estar donde queremos estar y echar de menos a quienes queremos.

Porque podemos hacer las dos cosas ♥.

Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte unas preguntas para que reflexiones durante la semana:

🧠 ¿Qué emociones estás intentando separar cuando quizá podrían convivir?
🧠 ¿Te permites disfrutar cuando sabes que alguien que quieres está pasando por un momento difícil?
🧠¿Hay algo que estés viviendo ahora que no se parece a lo que habías imaginado? ¿Y has pensado alguna vez que eso significa que estás viviendo mal?

❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).


Puedo echar de menos mi casa
sin dejar de sentirme en casa aquí ♥


Nos leemos el próximo domingo☕.

Añade aquí tu texto de cabecera

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *