Como no puedo ser la psicóloga de todo el mundo,  te invito a que me acompañes un ratito cada domingo -o cualquier otro día de la semana si te viene mejor- mientras te tomas el café de la mañana -o tu bebida favorita-, en este pequeño espacio compartido. La única condición es que te regales estos minutos desde la tranquilidad

Así que, si me permites unas pequeñas indicaciones: 

  1. Ponte una música suave de fondo. Si no tiene letra, mejor. Así no interfiere en la lectura.
  2. Cierra los ojos.
  3. Respira hondo las veces que sean necesarias.
  4. Dale un sorbo a tu bebida…
  5. ¡Bienvenida/o a tu espacio! ♥

💬Sobre los lugares donde nunca tenemos que escondernos💬

Esta semana he participado en varias actividades con motivo del Orgullo LGTBIQ+, en algunas como espectadora, y en otras como parte de la organización. Entre todas las experiencias que he podido vivir, hay una imagen que no ha dejado de acompañarme desde que apareció.

El jueves asistí a una obra de teatro en la que el actor hablaba de sus anhelos y deseos desde el soberao.

Si eres de Andalucía, probablemente sepas de qué hablo. El soberao es ese espacio que muchas casas tienen en la parte alta, una especie de trastero donde se guardan las cosas que ya no usamos, donde se acumulan cajas, recuerdos y objetos que quizá algún día volvamos a necesitar. Esos ‘por si acaso’ que al final solo terminan cogiendo polvo, o tal vez las enaguas de una camilla que usamos de invierno en invierno.

El jueves, mientras lo escuchaba, inevitablemente pensé en el soberao de mi casa: ahí jugaba con mis hermanas cuando éramos pequeñas, ahí estudiábamos cuando necesitábamos tranquilidad o nos acompañaba alguna amiga, por ahí pasábamos para subir a la azotea donde cada verano colocábamos una piscina de plástico para combatir el calor, o para tender la ropa.

Afortunadamente, tengo recuerdos felices de ese lugar de mi casa❤️.

Pero, además, lo que también tuve claro mientras veía la obra es que nunca tuve que utilizarlo para esconderme. Y me di cuenta de que eso también es un privilegio. Porque yo…

  • …unca tuve que pensar cómo decirle a mi familia que me gustan los hombres…
  • …nunca tuve que pensar si dar la mano a mi pareja en la calle podía ponerme en peligro…
  • …nunca tuve que calcular quién estaba delante antes de hablar de mi vida…
  • …nunca tuve que salir de ningún armario.


Y eso no es un mérito mío, ni nada que me he ganado yo con mi esfuerzo. Es una circunstancia de la sociedad en la que vivo que señala todo aquello ‘no normativo’, ¡¡como si en el amor tuviesen que existir leyes, reglas y normatividades!!

Además, el viernes participé en otra actividad. Para ella, había preparado un ‘armario’ simbólico con una caja de cartón, e invité a quien quisiera a escribir en una etiqueta alguna palabra con la que hubiera sido insultadx, juzgadx o heridx por ser quien era.

Después les pedía que abrían el armario, dejaran allí la etiqueta y lo cerraran dispuestxs a volar siendo ellxs, siendo LIBRES.

Tenía muy claro que quería usar el armario como un gesto simbólico. Y no para esconderse otra vez, sino para dejar allí aquello que nunca debieron cargar.

Mientras observaba a las personas participar, pensaba en la cantidad de etiquetas que somos capaces de colocar sobre lxs demás, y en lo difícil que resulta vivir cuando acabas creyéndote algunas de ellas. Y este tema, desafortunadamente, también lo trabajo mucho en consulta intentando que mis pacientes se despojen de todo aquello que un día les dijeron que les pertenecía, y con esto lxs limitaron ❤️‍🩹.

Yo soy una mujer, blanca, y heterosexual. Y eso hace que, en determinados aspectos, ocupe un lugar de privilegio. No por mujer, que esto es un factor de riesgo en muchas ocasiones, sino por persona blanca y hetero.

Esto no significa que en mi vida no haya tenido dificultades, o que no las tenga en algún momento. Significa, simplemente, que hay batallas que nunca he tenido que librar. Y creo que reconocer eso no me hace culpable, sino consciente de que soy responsable…

…de escuchar…
…de cuestionar…
…de intervenir cuando presencio una injusticia…
…de no mirar hacia otro lado.

Porque los derechos nunca deberían depender de a quién amamos.

Hay una frase que escucho con frecuencia:

«Yo respeto, pero…»

Y casi siempre, después del «pero», llega una condición, una opinión sobre cómo debería amar otra persona, sobre cómo debería vestir, sobre cuándo debería hablar, sobre si hace falta seguir celebrando el Orgullo (al igual que ocurre con las manifestaciones del 8-M o el 25-N, por ejemplo).

Y quizá la verdadera pregunta sea mucho más sencilla:

¿Por qué sigue habiendo personas que necesitan esconder partes de sí mismas para sentirse seguras?

Ojalá llegue un día en el que el Orgullo deje de ser necesario. Pero no porque hayamos dejado de celebrarlo, sino porque hayamos dejado de necesitar reivindicar que todas las personas merecen vivir con la misma libertad, y no buscando soberaos en los que ocultarse.

Antes de terminar este café contigo, me gustaría dejarte unas preguntas para que reflexiones durante la semana:

🧠 ¿Hay alguna parte de ti que alguna vez hayas sentido que tenías que esconder?
🧠 ¿Qué etiquetas sigues cargando aunque nunca las elegiste?
🧠 ¿Y qué podrías hacer, desde el lugar que ocupas en el mundo, para que otra persona tenga un poco menos de miedo a ser quien es?

❤️Si te animas, me encantaría leer tus reflexiones aquí abajo, o en mis redes sociales (@nerea.psicologa / @samayoon.psicologia).


El mayor privilegio no es que nunca te hayan insultado por amar. Es no haber tenido que esconder quién eres para sentirte a salvo ♥


Nos leemos el próximo domingo☕.

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